Un libro colectivo, un libro fragmentario

Periodismo

El periodismo narrativo es la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera

El libro Contar la realidad. El drama como eje del periodismo literario fue coordinado por el profesor Jorge Miguel Rodríguez y recoge las aportaciones de diez periodistas y profesores españoles y latinoamericanos, que explican, tanto de manera teórica como práctica, la génesis, el desarrollo y evolución, así como el estado actual, del periodismo literario. Un denominador común recorre todas las tramas e historias del libro, el drama, la realidad mirada a través del prisma de la violencia, la guerra, el narcotráfico, la muerte. Una obra plural y accesible, de tremendo atractivo e indudable valor documental, que desgrana las claves del periodismo literario.

El ejercicio del periodismo, visto por estos autores, se basa más en mirar, en sumergirse en la realidad que se quiere retratar, que en preguntar. Aprender a mirar, a despojarse del prejuicio, a encontrar la verdad en los ojos del otro. Contar la realidad es contar una historia repleta de complejidad. El periodismo literario aboga por recuperar la verdad de manera apasionante. El periodismo literario es un macrogénero que acoge una gran variedad de géneros, ya no solo escritos, sino que también audiovisuales y electrónico-digitales. Un género que, como en su momento hizo el Nuevo Periodismo estadounidense, ha transformado la narrativa echando por tierra las fronteras entre ficción y realidad. Geográficamente hablando es América Latina donde este género bulle y fluye, debido a la constante presencia de la violencia, la pobreza, la explotación, los abusos… el drama. Es México el país que está a la cabeza de esta corriente, seguido por Colombia, Perú, Argentina, Chile… Las mejores revistas de periodismo literario son de Perú (Etiqueta Negra) o México (Gatoparto), y en España contamos con FronteraD.

Vamos poco a poco perfilando los capítulos que componen la obra. El profesor Albert Chillón, apoyándose en los trabajos de Walter Benjamin y Ortega y Gasset, explica cómo la narración y el drama están presentes en la vida. El siguiente capítulo, realizado por la profesora María Angulo, se sumerge de lleno en el periodismo literario argentino y analiza los trabajos de Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo), Javier Sinay (Sangre joven), Josefina Licitra (Los imprudentes) y Cristian Alarcón (Si me querés, quereme transa) sobre la marginalidad en Argentina. Acto seguido, Doménico Chiappe, hace algo muy similar con tres trabajos sobre conflictos bélicos y analiza los reportajes de Hersey (Hiroshima), Herr (Despachos de guerra) y Sacco (Notas al pie de Gazasobre Hiroshima, Vietnam y Gaza respectivamente. Su mirada se dirige hacia el narrador, su punto de vista y cómo sus aportaciones enriquecen y dotan de carácter sus trabajos.

El fotoperiodismo también tiene un lugar en Contar la realidad gracias a Pilar Irala, quien explica algunas de las claves del mismo y después analiza la narrativa dramática de algunas imágenes icónicas del siglo pasado como Madre Emigrante de Dorothea Lange, Plaza de Tiananmen de Stuart Franklin o Hambruna en Sudán de Kevin Carter. El fotoperiodismo literario, explica Irala, tiene un enorme alcance histórico pues puede forzar un cambio legislativo, promover una revolución, o socavar la falsa legitimidad de una guerra.

Leila Guerriero vuelve a aparecer en la obra, esta vez para hablar de lo qué es y no es el periodismo narrativo. Habla de la tozudez del periodista, sobre la importancia del trabajo de campo, sobre el hacerse invisible, sobre aprender a mirar. Nombra las obras de periodistas como Susan Orleans, Rodolfo Walsh (Operación Masacre) y el argentino Martín Caparrós para explicar el compromiso que adquiere el reportero con su historia y la importancia del estar, del ver, del escribir.

Por su parte, Rosana Fuentes analiza la aparición de Oriana Fallaci en el perfil que escribió sobre Alekos Panagoulis. La situación en Colombia es detallada por Patricia Nieto. Estos dos apartados del libro no me gustaron tanto, tal vez por la crudeza de la situación en Colombia y el dolor que planea sobre todas sus historias como la tragedia que sucedió en Machuca en 1998. Una bola de fuego arrasó el barrio, murieron calcinadas 85 personas. La culpa la tuvo el Ejército de Liberación Nacional que dinamitó un tramo del oleoducto con tal mala fortuna que la dinamita perforó también el gaseoducto. El resto de historias recogidas por Nieto siguen la misma tónica.

Por último, nombrar el estudio de lo identitario y psicológico que Ignacio Escuín hace de personajes que aparecen en los medios; mientras que Fernando López Pan se centra en hacernos ver las diferencias entre el Nuevo periodismo y el periodismo más clásico.

Me reservo la aportación de Alfonso Armada para el final. De todos los capítulos, fue el de este periodista español, el que más me gustó. Armada explica, usando un estilo directo y seco, de qué hablamos cuando hablamos de periodismo. Hay frases, párrafos enteros que merecen ser rescatados como “porque nos implicamos casi siempre lo justo para no salpicarnos la camisa de sangre, de sufrimiento, de muerte, aunque algunos se impregnan tanto, se asomen tanto al pozo, que acaban cayendo en él.” o “¿Da igual el soporte? Creo que sí. No da igual la credibilidad. Lo que importan son las historias, que han de estar bien contadas por tierra, mar y aire.”

Un libro colectivo, un libro fragmentario, un puzzle que nosotros debemos terminar. Una lectura  que recomiendo y que me ha llevado a descubrir muchas obras y autores que me resultaban extraños o en los que no había reparado lo suficiente. Una obra coherente, didáctica, amena y con buen gusto.

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Ficha

Título: Contar la realidad. El drama como eje del periodismo literario

Autor: Jorge Miguel Rodríguez (coord.)

Editorial: 451 editores

Año de publicación: 2012

Nº de páginas: 262 

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