En una sociedad no concienciada, o que no camina pareja a la rápida evolución tecnológica se producen desequilibrios que hemos de tener ánimo de ajustar.
La gente debemos estar pendientes, vigilantes de nuestros intereses como parte activa de este conflicto intentando corregirlo en la medida que nos toca. La tecnología no puede utilizarse de forma que perjudique o merme nuestros derechos y la calidad de vida de los individuos, debe ser todo lo contrario.
Cuando hablo de calidad, no me refiero a la superficialidad de «que rápido he hecho esta gestión y no he tenido que esperar», o bien, «fíjate lo he conseguido hacer solo». No, no es esa calidad. La mejora de la que hablo es la general: empleos y un horario digno, y que no exista presión en puestos de trabajo por ejemplo de los supermercados o peajes, etc…
Los grandes capitales tienen capacidad económica para invertir en innovación fruto de la investigación. Un desarrollo que hoy no revierte, como debiera, en el bien social y el fomento del empleo. O quizá un nuevo orden de entender el mundo laboral pero también personal, tanto en horas trabajadas cómo sueldos.
Uno de estos días atrás, salí desde Santiago a Coruña para ir a un conocido establecimiento comercial. A mi regreso a casa, reflexionando quedé perpleja sobre la escasa intercomunicación personal que había tenido en la experiencia; en el viaje de ida pagué el peaje en el automático, en el conocido establecimiento de A Coruña proliferaban las cajas de «hazlo tú mismo» e incluso para hacer la factura disponían de máquinas para la ocasión. De vuelta a Santiago, ya en la autopista, tenía que reponer gasolina, y claro, era sí o sí «hazlo tú mismo», a continuación, el peaje en Santiago, había dos controles, uno atendido por una persona y otro automático.
Este paseo a la ciudad herculina conllevó un desembolso económico importante sin apenas intervención y mediación de personas (-puestos de trabajo).
Invito a reflexionar sobre este tema y a poner freno a las preferencias del «Hazlo tú mismo» para que los grandes capitales inviertan en la atención al cliente mientras no inventamos una forma diferente para el sustento de las personas.
Todos sabemos que salir de casa cuesta dinero, y precisamente por eso quiero que me atiendan personas, para que ellos también puedan salir de casa. Quiero presencia humana que pueda beneficiarse de mi compra y cubrir sus necesidades, sobre todo, cuando tenemos millones de personas que se encuentran en el paro.

