La herida: cuando el silencio duele

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La herida es una película cruda, áspera para los sentidos, en la que el desasosiego impregna al espectador hasta el último segundo. El silencio, elemento primordial en la obra, es de una expresividad exuberante, elocuente…”  

El éxito cosechado en la última edición del Festival de San Sebastián (Premio del Jurado a la Mejor Película y Concha de Plata a la Mejor Actriz) es una buena tarjeta de presentación, aunque, a decir verdad, cuando me dispongo a ver una película me importa lo que se dice un pepino que haya recibido uno o mil galardones. Al final, lo que prima es el gusto de cada uno y la satisfacción que se siente tras haber “perdido el tiempo” ante una proyección. Y la satisfacción no siempre se traduce en emociones de júbilo.

Fernando Franco retrata en La herida (2013), su primer largometraje, el día a día de Ana (Marian Álvarez), una joven con Trastorno Límite de Personalidad o conducta borderline. La narración, profusa en primeros planos y desnuda de aderezos efectistas, nos acerca a la rutina de quienes padecen esta patología: el discurrir de un tiempo en el que el vacío es su sinónimo; la angustia de quien vive dentro de sí mismo incapaz de relacionarse de forma sana con el mundo que lo rodea; la soledad y la autodestrucción como condena.

La herida es una película cruda, áspera para los sentidos, en la que el desasosiego impregna al espectador hasta el último segundo. El silencio, elemento primordial en la obra, es de una expresividad exuberante, elocuente… El debut de Fernando Franco es una apuesta arriesgada, y la sensación que deja es de todo menos apacible.

Un comentario sobre «La herida: cuando el silencio duele»

  1. Me gusta el comentario sencillo y sobre todo preciso realizado por Daisy Montes, estoy totalmente de acuerdo en que no hace falta adornar un tema cuando, como en este caso, la historia de la protagonista habla por si misma, las emociones están presentes desde el principio hasta el final de la cinta.
    Quiero destacar especialmente la frase «la satisfacción no siempre se traduce en emociones de júbilo», cuando se cuenta una historia desde dentro, una realidad de los que viven en un mundo que no es fácil, las emociones de júbilo no tienen cabida.

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