Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el contra uno

Étienne de La Boétie escribe en el siglo XVI el Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Resulta sorprendente descubrir como un joven de 18 años puede redactar experiencias fruto de tanta documentación y de la experiencia empírica, fundamentada en la atenta revisión de la libertad. Magnífico documento que todavía hoy tiene vigencia, representando una gran enseñanza.

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El Discurso sobre la servidumbre voluntaria hace un canto a la libertad como algo innato al hombre y expone la irracionalidad que supone la pérdida de este valor en el ser humano en favor del servilismo voluntario que se implanta en las sociedades. En sus argumentaciones plantea la pobreza de espíritu ante la incapacidad para reaccionar, para recuperar la libertar pérdida. Critica el desgraciado sometimiento del hombre por el hombre. Étienne de La Boétie tiene creencia en Dios como creador y considera que nos ha hecho a todos semejantes (hermanos) con distintos rasgos físicos y psíquicos con la premisa de que los individuos fueran solidarios en una sociedad libre. Y por tanto, nadie tendría capacidad para someter a un semejante, ni para maltratar a otra persona aunque este sea más débil. Concibe la tierra como lugar común a todos los seres humanos donde construir comunidades de entendimiento y complementariedad. La libertad, como hecho natural, tendría que ser defendida con pasión por el hombre, como lo hacen los animales que también nacen en libertad, para demostrar esta teoría, pone el ejemplo del elefante que una vez cazado rompe el preciado marfil contra los árboles ante la evidencia de encarcelamiento de su naturaleza, o el caballo que desde pequeño tratan de domesticar a base de caricias, pero se opone a que le fuercen, incluso los bueyes gimen bajo el yugo opresor.
 
Manifiesta el autor que en ese servilismo que muestra el ser humano, es mejor estar sometido a un amo que a varios…Entonces, se deduce, que para él es mejor una monarquía que una república. El rey como único amo. Pero realiza una serie de reflexiones “Un monarca solo tiene el poder que los hombres le concedan”. Los que ostentan el poder suelen ser ruines, faltos de actitudes. Sin embargo, los hombres y los países no se rebelan a la tiranía debido a algo que va más allá de la cobardía. Miles de hombres miserablemente autoesclavizados por la fascinación hacia un solo hombre que, además, es cruel con ellos.

El poder en sí mismo tiene la capacidad de transformar la bondad del hombre, de corromper…Pero el poder es inexistente si no es acatado por los individuos a los que trata de hacer presa.
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Étienne de La Boétie pone en el punto de mira la importancia de la identidad del ser humano, la significación de los ideales del hombre en la lucha; la guerra entre las dos posturas en conflicto como campo de batalla. Por una parte, del bando que luchará con mayor ímpetu porque tiene justificada su presencia en la contienda por una convicción y que llevará su causa hasta las últimas consecuencias. El bando opuesto lo representará el servilismo, cuyo único fin es cumplir con su amo como una obligación, ese será su compromiso, sin más… gentes sin valentía que abandonarán la batalla en cuanto se complique el asunto; dice De La Boétie, que esta condición servil les hace incapaces para una gran acción.
Un hombre no debe someterse a más amo que a la ley y a la razón, pues, de no ser así, va en contra de la inteligencia. Los pueblos en su elección rechazan la libertad y admiten el yugo, son responsables de su sometimiento o maltrato, solo bastaría con que dejarán de servir, y de ese modo, el poder queda desnudo y derrotado, porque si no es alimentado por el servilismo muere. Pero el hombre prefiere la seguridad de vivir miserablemente que una dudosa esperanza de vivir a su manera. Los audaces no temen ningún peligro, el prudente no se desanima ante ninguna fatiga. La ausencia de libertad es la pérdida de los grandes bienes como base constante de la existencia humana. El deseo y la revisión continuada de esta virtud debe ser una necesidad que debe ser vigilada con la misma intensidad que lo hacen los tiranos con su maldad, que, cuanto más roban más exigen y cuanto más arruinan y destruyen más servidumbre obtienen.
Considera el escritor, que la obediencia al padre y a la madre desde la razón que se va desarrollando desde los buenos consejos y ejemplos que estos van aportando a la educación, pero a veces esta razón se ve contaminada por una sociedad viciada. Por lo que la naturaleza del hombre se ve alterada y por tanto domesticada sin afán de recuperar su esencia.
Califica tres clases de tiranos que ostentan el poder sobre el hombre: los elegidos por el pueblo, los que conquistan por la fuerza de las armas y los que reinan por sucesión.
Los electos tendrían que ser más soportables, pero llegan a creerse que su poder debe ser transmitido a sus hijos, llegados a ese punto superan los vicios y crueldades de los otros dos grupos tratando de reforzar la servidumbre.
Los conquistadores consideran al pueblo su presa y ajustan su presión como país conquistado. Los reyes por sucesión ven al pueblo como siervos heredados. Son ávaros y pródigos, utilizan el reino como una herencia, y a sus habitantes como rebaño de esclavos que les pertenece por naturaleza.
El autor ilustra uno de estos poderes con lo sucedido en el pueblo de Siracusa, capital de Sicilia, donde las gentes angustiadas por el peligro de la guerra eligieron a Dionisio I entregándole el mando del ejercito, en ese momento le entregarón tanto poder que cuando volvió vencedor de la contienda, trato a sus conciudadanos como prisioneros enemigos. Dionisio, primero se erigió general y luego rey, para llegar a ser rey tirano. El pueblo que es sometido, increíblemente, olvida su libertad y es difícil que despierte para reconquistarla, pues sirve con tanta voluntad que se diría que “no sólo ha perdido su libertad sino que ha ganado en servidumbre”.
Un hombre vencido en la batalla sirve forzado y por la fuerza, pero sus sucesores lo harán de buen grado, sin lamentaciones, sin ningún tipo de coacción. La razón que explica esta sumisión es que han nacido bajo el yugo, son alimentados y educados en la esclavitud sin esperanza de cambiar nada, pues no conocen otro tipo de condición de vida y creen que es la propia del hombre.

         Discurso sobre el servilismo voluntario (2ª parte)

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