Cultural, Entrevistas, Literatura, Portada — 20 agosto, 2014 a las 10:25

“Quería captar la cultura espiritual y mágica propia de los gallegos”

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Entrevista con  la escritora Cristina Sánchez- Andrade

Cristina Sánchez. Foto: Carlos Porras

Cristina Sánchez. Foto: Carlos Porras

Cristina Sánchez – Andrade es una gallega con descendencia inglesa afincada en Madrid, aunque sus historias tienen como eje principal los espacios más rurales, donde es posible un conocimiento intenso de los personajes. Su forma de escribir tan cuidada hace que algunos la sitúen en los albores del realismo mágico, cuyo máximo exponente es el recientemente fallecido García Márquez. Entre las obras más conocidas de esta autora están Las lagartijas huelen a hierba (1999), Ya no pisa la tierra tu rey (2004), Los escarpines de Kristina de Noruega (2010) y El libro de Julieta (2011). Este año viene de publicar Las Inviernas, sobre el que hablamos en esta entrevista. Para los que aun no lo habéis leído, esta novela relata la vuelta de dos hermanas al pueblo ficticio de Tierra de Chá en los años 50, en la que traen varios misterios a cuestas. El libro es una incursión en el imaginario social de esos años en los pueblos gallegos, pero no se trata de una novela más de la Guerra Civil, sino que huyendo de las explicaciones históricas, Sánchez – Andrade logra emocionar.

P: En tu currículum dice que eres licenciada en Ciencias de la Información. ¿Te da más satisfacción la literatura que el periodismo?

Son géneros distintos. Con el Periodismo me tengo que atener a la realidad, sin desvirtuarla (aunque siempre pueda uno darle un toque personal, claro), con la Literatura hay más libertad. Eso no quiere decir que el Periodismo no tenga una parte creativa, que la tiene y muy importante.  Lo que aprende uno haciendo entrevistas a ciertos personajes es de un valor incalculable. Hace muchos años trabajé varios veranos para El Correo Gallego, en Santiago. Con dieciocho o diecinueve años tuve la oportunidad de entrevistar a escritores como Camilo José Cela o Torrente Ballester, imagínate la experiencia. Un día hice un reportaje de una viejita, conocida de mi familia, que había vivido toda la vida  en las calles de Santiago. La conocían en Santiago como “María de las Iglesias” –la gente mayor todavía se acordará de ella, sobre todo aquellos que frecuentaban la catedral- y solía vérsela rodeada de cajas y bolsas, deambulando de iglesia en iglesia, abriendo la puerta de la catedral (¡fíjate que antes se podía hacer esto!) a los peregrinos. Cuando yo la entrevisté, estaba ya en una Residencia, pero había pasado la vida en la catedral y las iglesias de Santiago, ayudando como podía a los curas y también llevando cartones de tabaco a los estanqueros. Había sido abandonada en la Inclusa cuando era bebé, no tenía partida de nacimiento ni sabía su edad. ¡Contaba unas cosas! Cuando era pequeña, por ejemplo, una señora que la adoptó la llevaba de aldea en aldea para pedir dinero (“a ganar por mí como si fuera un cerdo”, como decía ella). Ya de mayor conoció al cardenal Quiroga Palacios… Bueno, el caso es que, imagínate lo que aprendí yo de estos personajes para luego escribir Literatura.

P: En cuanto a tus orígenes, tienes familia inglesa y gallega y vives actualmente en Madrid, ¿cómo se aúnan estos tres lugares tan dispares en la literatura?

La mezcla de culturas es siempre interesante, para escribir y como experiencia vital (al final, lo que haces al escribir es volcar tu experiencia vital). Inglaterra tiene sus ventajas y sus desventajas, como todos los países. Me gusta mucho de allí, cada vez que voy, lo agradecida y educada que es la gente, al menos aparentemente (¡no se oyen gritos ni nadie te pita por la calle!). En España parece que está mal visto ser agradecido, es como si te mostraras más débil o algo así.  También me gusta de Inglaterra lo ordenados, civilizados y bonitos que son todos los pueblos y ciudades. En España hay ciudades y pueblos preciosos (¡vaya si los hay!), pero también hay mucho desorden urbanístico y mala arquitectura… Ahora, también te digo que en Inglaterra jamás tendrás otras cosas, como el sol, la buena comida o una conversación que no sea superficial. Ahí nunca se habla en profundidad porque se piensa que se invade la intimidad del otro… Como dice Natalia Ginzburg, no hay nada más triste en el mundo que una conversación inglesa, siempre pendiente de no rozar nada esencial, de quedarse en la superficie. Todo lo contrario que en Galicia, en donde las conversaciones sí tienen enjundia. A mí siempre me ha tirado mucho esta tierra, y fíjate que nunca he vivido en ella temporadas largas. Creo que en todas mis novelas hay algo de ella. Y yo creo que el que es gallego lo entiende. Hay algo que no se puede explicar… Es un nido de morriñas y saudades. Cuando llegas en coche desde Madrid y empiezas a ver verde, el tiempo que cambia bruscamente,  la lluvia, la bruma, los prados…

P: ¿Cómo definirías tu reciente novela Las Inviernas?

Las Inviernas es una novela de personajes. La trama es lo de menos. Siempre me ha interesado, como escritora y también como lectora, la psicología del personaje. Creo que éste es el motor de la historia y siempre he dicho que cuando tienes un buen personaje, ya tienes la mitad de la novela hecha. Una historia siempre contiene el misterio de una personalidad. Las Inviernas es también una novela muy gallega, probablemente la que más de las mías porque todo, la psique del personajes, el paisaje, los ambientes, las historias… son gallegos. O al menos he pretendido que lo fueran.

P: Las Inviernas me ha dado la sensación de estar delante de las Marías, ¿has pensado en esto al idear la historia o es fruto de la casualidad?

Yo conocía la historia de Coralia y Maruxa Fandiño, las Marías, y siempre me ha interesado. Son parte del paisaje de Santiago y de su Alameda. Hay fotos de ellas divertidísimas, con aspecto de folclóricas, maquilladas con polvos de arroz. Como las Inviernas, son dos hermanas extravagantes, que siempre van juntas, pero su historia es distinta: nacidas en el seno de una familia de once hermanos, dos de ellos miembros de la CNT huidos, los falangistas las utilizaban para averiguar su paradero. Y como las hermanas se negaban a abrir la boca, no tuvieron empacho en probar con todo tipo de tretas: las desnudaban en la vía pública para humillarlas, las subían al monte Pedroso para torturarlas y hasta se dice que llegaron a violarlas. La provocación de Las Marías en la Alameda, muchos años después, fue la manera de vengarse y protestar contra el régimen. Parece ser que para más inri, a principios de los años sesenta, un rayo partió en dos su casa. Enseguida se organizó una recolecta entre los vecinos y se llegaron a recoger 250.000 pesetas, cantidad suficiente en aquella época para comprar una casa nueva…  En fin, que no sé si pensé en ellas a la hora de crear mis Inviernas, pero seguro que, como todo, en algo sí influyeron.

Sánchez - Andrade siente pasión por la historias gallegas

Sánchez – Andrade siente pasión por la historias gallegas

P: ¿Cómo surge el argumento de Las Inviernas?

Yo tenía un montón de relatos orales, la mayoría contados por mi abuela gallega, Isidora de la Riva, que era una gran contadora de historias, una mujer muy carismática a la que todo el mundo conocía en Santiago, que quería volcar de alguna manera. Empecé escribiendo una especie de biografía novelada sobre ella, pero me vi muy cohibida por el hecho de era mi abuela, a la que además había querido y admirado muchísimo, y no lo terminé. Pero me apetecía entresacar esas historias y hacer algo con ellas. Entonces surgió el título. Las Inviernas es, en realidad, un pueblo de la provincia de Guadalajara que nada tiene que ver con mi historia. Lo vi señalizado al pasar por la autopista y me fascinó como un título. Supongo porque detrás de él, estaba todo lo que en realidad quería contar, que no era la historia de mi abuela, sino la de dos hermanas que viven una relación de dependencia y a la vez de rechazo mutuo. Siempre digo que, como ocurre con los sueños, uno como escritor no escoge a sus personajes sino que más bien son ellos los que te escogen a ti. Fui tirando del hilo, de ellas y de los cuentos de mi abuela que ya tenía escritos y, poco a poco, surgió el argumento.

P: La novela tiene lugar en Tierra de Chá, un lugar ficticio que representa el imaginario de muchos pueblos gallegos de la época. ¿Qué lugar quisiste idear, y por qué lo pensaste ficticio?

Sí, Tierra de Chá no es Terra Chá, la zona de Lugo, sino que solo se parecen fonéticamente. Simplemente quise colocar a mis personajes en una aldea típicamente gallega, de los años 50 y el nombre me gustó. Suelo idear lugares ficticios porque así no estoy limitada por la realidad. Porque siempre hay alguien que te dice “esto no era así y esto otro era asá…”

P: Muchas veces se escucha eso de que parte del material de una novela nace de las experiencias del escritor o de su entorno, ¿en tu caso cuanto tiene esta idea de real?

Bueno, yo estuve visitando la aldea en donde mi abuela pasaba los veranos cuando era niña, su casa, los prados… La casa, como la de las Inviernas, tenía el establo debajo de las habitaciones para calentarlas, y bestias y personas convivían dentro. Todo el paisaje de la novela está hecho de lo que conozco, de lo que he leído y de lo que me han contado. Por ejemplo, yo no he visto con mis ojos la utilidad del tojo, una planta tan típicamente gallega, que casi nadie conoce fuera de Galicia. El tojo se utilizaba para hacer estiércol, como lecho para las bestias, para calentar los hornos comunales…. y esto me lo contaron, claro, mis tías y mi abuela. Lo mismo la iglesia que aparece, el horno, las fiesta de la Virgen, el uso de la lareira, etc… Cuando uno escribe, debe poner en la escritura lo mejor que posee y que ha visto, todo lo mejor que ha recogido en su vida. Y las vivencias se desgastan si uno las lleva consigo demasiado tiempo sin utilizar.

Foto de la portada de Las Inviernas, de Ruth Matilda Anderson, que inmortalizó la Galicia de los años 50

Foto de la portada de Las Inviernas, de Ruth Matilda Anderson, que inmortalizó la Galicia de los años 50

P: ¿Existe en el libro algún guiño a personas de tu entorno o de tu pasado?

Siempre hay guiños a gente que conozco, aunque en mi caso, los personajes casi nunca son 100 por cien realidad. Los que aparecen en Las Inviernas son en muchos casos los protagonistas de las historias que me contaron. De hecho, en la mayoría de estas historias, como en las de muchos escritores gallegos (Cunqueiro, Castelao, Rafael Dieste, Ánxel Fole, etc) lo  que importa es la psique del personaje. Por ejemplo, la historia del cura que sube el monte todos los días, con gran esfuerzo, para dar la extremaunción a la vieja que no acaba de morir y que por fin, un día, exhausto, le dice: “A morir, coño, que para eso estamos”. O la del niño que mamaba hasta los siete años y pegaba mordiscos al pecho de la madre. O la del maestro de ferrado. En los años 50 a todos estos maestros gallegos sin titulación, que cobraban en ferrados de maíz o centeno (de ahí el nombre), les hicieron pasar una prueba, un examen oficial en Coruña y esto fue todo un acontecimiento en la época.

P: En la novela sabemos que estamos en los años 50, pero no te recreas demasiado en la explicación de los hechos históricos, ¿eres de las que cree que las mejores historias nacen de los héroes anónimos?

Es que lo de la guerra civil ya aburre, ¿no? Parece que no sabemos hablar de otra cosa en España. En realidad yo partí del momento real en la historia en que Ava Gardner viene a España para rodar Pandora y el holandés errante en Tossa de Mar. Fue en los años 50, y a partir de ahí, coloqué a mis personajes en el tiempo. Para que tuvieran una conexión con el mundo del cine – ellas quieren ser actrices y hasta llegan a presentarse como dobles de esa película en Tossa de Mar-, hice que tuvieran que exiliarse a Inglaterra de adolescentes. Una cosa iba llevando a la otra… como ocurre casi siempre que estás escribiendo. Este contacto con un país y unos ambientes mucho más desarrollados que los nuestros en aquel momento (piensa que en muchos pueblos gallegos y no gallegos, aún no tenían ni electricidad) les otorga a las Inviernas otra dimensión que les hace ser y sentirse distintas al resto de la gente.

P: Uno de los valores de la literatura de hoy en día es que nos transmite valores, ¿qué es lo que nos puede aportar Las Inviernas al mundo de hoy?

Nada más lejos de mi intención que “aleccionar” con mis novelas. No me gusta que me aleccionen a mí, así que yo tampoco lo hago. Eso no quita que a uno no le interesen tocar ciertos temas… Por ejemplo, en la novela hay una delación, la del personaje del abuelo, don Reinaldo, por parte de toda la aldea. Pero más que su sentido histórico o político, me interesa la delación como fenómeno, como culpa colectiva que arrastra la aldea de Tierra de Chá. El hecho de que nadie, ni siquiera el cura, fuera capaz de impedir que condenaran a don Reinaldo, el miedo colectivo, la fragilidad y hasta la comodidad de no querer verse involucrados en problemas. Esto es lo que me interesa: el proceder “borreguil” de la gente cuando se encuentra bajo el cobijo de la masa y cómo la masa anula la voluntad particular del individuo.

P: Al acabar la novela, una se queda con la sensación de que Las Inviernas simbolizan el miedo del 1936 del que todos quieren huir, ¿son peligrosas Dolores y Saladina?

Toda la novela es una búsqueda de alguien a quién responsabilizar o echar la culpa. Cuando llegan las Inviernas se sienten recelosos y es por esto. Porque ha ocurrido algo en el pasado y necesitan encontrar culpables. La llegada de las mujeres les remueve la conciencia. Por eso, sobre todo al principio, no las aceptan. En realidad, no las aceptan nunca y quieren que se vayan. Entonces empieza todo ese asunto de la venta de los cerebros. Don Reinaldo, el abuelo de las Inviernas, ha contratado con todos y cada uno de los habitantes de Tierra de Chá la venta de su cerebro a cambio de dinero. Cuando la vieja, que tiene ya más de cien años, está a punto de morir, se le ocurre que quiere recuperar su contrato de compraventa, no vaya a ser que el cerebro le sirva de algo en el cielo. Y a partir de ahí, se genera una psicosis colectiva: todos quieren recuperar su contrato. ¿Por qué? ¿Realmente creen que van a necesitar el cerebro en la otra vida? Creo que no. Creo que es la culpa y el miedo lo que les hace actuar así…. inconscientemente. La culpa es muy poderosa, el peor enemigo de la conciencia. No sabemos hasta donde puede llegar. Estoy pensando ahora en un relato de Cortázar sobre la culpa, “Cartas de mamá”. Aparentemente, todo lo que sucede, lo que ahí se relata, es una “alucinación” de la culpa. Es la conciencia la que arranca los peores pensamientos.

Foto de Ruth Matilda Anderson, que expresa el alma del libro

Foto de Ruth Matilda Anderson, que expresa el alma del libro

P: Como escritora, ¿ te sientes en la necesidad de identificarte con tus personajes?

No siempre. Lo que sí que busco, tanto como escritora como lectora, es una empatía. Uno no se identifica con Humbert Humbert, el narrador de Lolita, de Nabokov, porque es un tipo repugnante, al que le gustan las nínfulas. Sin embargo, sí que hay empatía en el sentido de que a uno le interesa mucho seguir leyendo y conociendo que va a pasar a continuación. Esto es lo que busco. Que el lector encuentre “algo” por lo que le interese seguir leyendo.

P: Aunque vives en Madrid, observo que muchas de tus historias se desarrollan en el rural, ¿es éste un territorio más apto que las grandes ciudades para las buenas historias?

No. Es el territorio que a mí me interesa. Pero no es mejor ni peor para las buenas historias. La Literatura está llena de obras maestras que se desarrollan en la ciudad.

P: Dolores y Saladina, las dos hermanas protagonistas tienen personalidades totalmente diferentes, pero las unen el amor fraterno y los secretos que comparten, ¿a cuál de las dos le guardas más cariño – como escritora?

Quizá le guardo más cariño a Saladina, porque en el fondo es la más débil y dependiente. Hay una relación amor-odio entre ellas, muy parecido al que hay en la realidad entre muchos hermanos, matrimonios o seres que conviven muy íntimamente. Entre Dolores y Saladina hay un chantaje emocional constante. Ambas se necesitan y casi te diría que no pueden vivir la una sin la otra, pero también, sobre todo Dolores, tiene la intuición de que jamás conseguirá vivir su vida si no se separa de su hermana. Separarse de su hermana supone quedarse completamente sola en el mundo, y a esto no está dispuesta. Además, solo Saladina sabe lo que ha pasado con su marido, y en varias ocasiones, la chantajea con contarlo si la deja.

P: Y de los personajes secundarios, ¿con cuál has disfrutado más a la hora de esbozarlo ?

Disfruté mucho con el mecánico-dentista, el señor Tiernoamor. Es un caso palpable en la escritura de que los personajes cobran autonomía y te descubren cosas. Por ejemplo, cuando empecé a escribir no tenía ni idea de que era homosexual. Esto es algo que me lo contó casi al final del libro, más o menos al mismo tiempo que lo descubre el lector. Este personaje se revela, además, muy mezquino, egoísta e interesado…. y no estaba en mis planes que así fuera. Pero bueno, estas son las cosas buenas de la escritura. Lo que los personajes te revelan. Son como los hijos. Te piensas que lo sabes todo de ellos por haberlos parido y criado y de eso nada.

P: A ti, como a las Inviernas, ¿te gustaría volver a la tierra de tu infancia?

Es imposible volver a la tierra de la infancia. Porque aunque uno esté físicamente en el lugar en donde se ha criado, las circunstancias son otras. Y tú eres otro. Todo lo que sucede de los cero a los siete años, más o menos, es lo más importante y determinante de nuestra vida y es irrepetible. Somos nuestra infancia, pero jamás retornaremos a ella.

P: En la actualidad, desde muchos sectores se habla de literatura feminista o para mujeres, viniendo a defender que los libros escritos por ellas expresan una forma diferente de entender el mundo, ¿coincides con esta idea?

Estoy un poco harta del planteamiento… ¡Se dicen tantas tonterías! Lo siento, pero prefiero no contestar. Si lo hiciera, diría otra tontería más. Como con todo, solo hay que aplicar el sentido común… y no darle tantas vueltas ni buscarle tres pies al gato.

P: ¿Cuál ha sido tu gran reto como escritora?

En cada libro hay un reto distinto. En el caso de Las Inviernas, lo que quería era captar la cultura espiritual y esa dimensión mágica tan características del pueblo gallego, además de la psique. En los cuentos orales está todo el legado de premoniciones, vivencias y apariciones derivados de la superstición o de la religión.  Era difícil porque yo tenía muchas historias a las que dar un hilo conductor…

P: ¿Cuál es tu ritual a la hora de ponerte a escribir? ¿Y la novela de la que te sientes más orgullosa?

En realidad, más que un ritual, es una rutina. Y como todas las rutinas, no es muy apasionante sino más bien, pura supervivencia. Suelo escribir por las mañanas; hay días que no me sale nada y otros que sí. Eso no lo controlo yo. La rutina es repetición. Y de la repetición, es decir, de la constancia, es del único lugar de donde salen las cosas, al menos en mi caso. No sé de qué novela me siento más orgullosa… tal vez de la primera, de las Lagartijas huelen a hierba.

P: ¿Quién es la Cristina Sánchez de la intimidad? Tus pasiones, libros, escritores influyentes, tu día a día…

Mi día a día es muy normal, afortunadamente. Soy madre de cuatro hijos, y eso es muy determinante a la hora de tener tiempo para la escritura, pero también es una riqueza. Escribo, preparo mis clases… Suelo ir a nadar todos o casi todos los días (aunque me aburre y me da pereza) porque me sienta muy bien… y luego me gusta lo que a casi todo el mundo: una buena conversación, un gin-tonic a la caída de la tarde (en esto también soy muy constante), una película. Me horripilan los mogollones, los sitios donde va toda la gente el mismo día. Me horripila el borreguismo y la falta de criterio. En gustos literarios, por ejemplo, hay una falta de criterio total en España. La gente lee lo que le dicen que tiene que leer. No tengo ídolos y  estoy muy confusa acerca de la existencia de Dios. Creo que no creo en Dios, aunque no estoy muy segura… No creo en Dios pero sí en los antibióticos. Tampoco soy fan de nadie, salvo de la escritora americana Flannery 0’Connor. Hasta que me canse de ella, claro.

Ficha técnica

descargaTítulo: Las Inviernas

Autora: Cristina Sánchez-Andrade

Editorial: Anagrama

Año de publicación: 2014

Número de páginas: 248

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