¡Que mundo nos tocó!

Algo está pasando, o mejor tal vez, debiera pasar, cuando nos levantamos cada día con la mente puesta en encontrar cual es el mejor disparate que hallamos en las noticias para aderezar nuestro desayuno. Hay que hacer grandes esfuerzos para encontrar uno que destaque dada la abundancia léxica que nos brindan.

A la orquestación oficial bien definida cuyo objetivo es desacreditar la movilización social frente a las injusticias haciendo uso de expresiones tales como, “filoetarras”, la utilización del nazismo que demuestra la incultura de quien lo evoca, pasando por la novedad que descubrimos al saber que hay ciudadanos que son desahuciados voluntariamente para comprarse una nueva vivienda y, por si fuera poco, los catarros que está cogiendo la ciudadanía al seguir los consejos de ahorro energético y ducharse con agua fría.

Hay que añadir a este dislate la incorporación de algunos comunicadores. Suena una figura como relevo en el partido de la oposición e inmediatamente hay que sacudir leña no vaya a ser que cuaje y sea una amenaza.

Sr. Rubido ha estado usted muy desafortunado, es de esperar que nadie tenga en cuenta tal disparate. Después de la pedrada no estaría mal una disculpa para evitar perder el crédito que le quede.

No sé si recuerda usted que este señor fue víctima de quien le atribuye cierta y falsa cercanía. Además, no es necesario escarbar en ese asunto, se bastan solos para seguir en su atolladero particular, empecinados en su razón que cada vez diverge más de la del común de los mortales.

Recientemente tuve ocasión de comprobar la reacción de alguna prensa gallega a un artículo de opinión elaborado por Roberto Pereira, Presidente del Club Financiero de Galicia y Decano del Colegio de Economistas al respecto de la importancia que tiene en el desarrollo de Galicia, la gestión de lo público desde la perspectiva localista, que no local.

Dicho artículo hizo que al día siguiente emergiese con fuerza tal rémora localista. Me pregunto por qué un medio necesita desvirtuar la información y mentir para llevar las cosas a su terreno cortoplacista.

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