Cultura, Galicia, Portada, Turismo — 25 abril, 2016 a las 0:14

El vuelo del Botafumeiro.

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Quien ha tenido oportunidad de recorrer, uno a uno los kilómetros que conforman el Camino de Santiago, sabe que llegar a la Catedral y escuchar los cantos marianos al tiempo que el Botafumeiro se mece de lado a lado es el mejor de los regalos ante tanto esfuerzo.

santiago

Foto: Carlos Santamaria Ochoa

En la ciudad de Santiago y como cada domingo, quienes salimos a caminar por sus empedradas calles del “casco viejo”, sabemos que encontraremos en cada uno de sus portales, tabernas, hostales o fuentes, peregrinos de todo el mundo que, con su mochila a cuestas disfrutan de un Pulpo gallego, unas navajas, el tradicional caldo gallego o unos chipirones como solamente en Galicia se pueden disfrutar. Todo, acompañado por un buen Mencía o un Alvariño, dependiendo del gusto y el ánimo de cada uno.

El Camino de Santiago es una de las tres grandes rutas de peregrinación de la Iglesia Católica: Jerusalén, Roma y Santiago son los destinos religiosos más importantes para millones de fieles, y el de Santiago encuentra un peculiar encanto cuando, pueblo a pueblo uno va caminando en aras de llegar a tocar la imagen del Apóstol Santiago, justo en el altar de la Catedral, ver la cripta donde reposan sus restos, y disfrutar del sol de primavera sentado en alguna de las muchas piedras de la Plaza do Obradoiro.

Declarado como Patrimonio de la Humanidad por Unesco, el Camino de Santiago hace posible que miles de turistas acudan a nuestra tierra gallega, y que actividades relacionadas con la industria turística puedan sobrevivir en tiempos de crisis, donde un recuerdo, un almuerzo o un café y un buen vino son parte de los gastos que se llevan a cabo en todo momento, y reactivan la economía gallega: es el milagro del apóstol en estos difíciles momentos en que Europa refleja una economía débil y titubeante.

Los peregrinos llegan a las oficinas que para tal efecto se encuentran adyacentes a la Catedral, donde se puede ver la enorme fila que conforman para sellar su carnet y constatar el recorrido realizado durante días o semanas –según es el caso- y obtener la codiciada y anhelada Compostela, que es el documento que avala el haber recorrido, al menos, cien kilómetros de la ruta jacobea.

Cualquier día del año y tiempo son propicios para caminar la ruta, sin embargo, tiene un especial interés los domingos cuando se lleva a cabo, justo cuando el sol se encuentra arriba, la Misa del peregrino, donde las autoridades eclesiásticas dedican los servicios religiosos a los peregrinos de cualquier rincón del mundo: los mencionan por países y permite a cada quien mostrar su humilde satisfacción al esfuerzo realizado.

La ceremonia tiene especiales características que son un valor extraordinario que contiene la del domingo: por lo general, hay religiosos invitados, de otras diócesis o estados, inclusive países que concelebran la Misa. Siempre les acompaña una femenina y deliciosa voz que entona cantos religiosos en los momentos que la ceremonia lo permite, y ofrece ese especial y singular toque místico que nos permite a los asistentes recobrar mucho de ese sentido que dieron nuestros antepasados a la Misa dominical.

Peregrinos

Foto: Carlos Santamaría Ochoa

Carlos Santamaría Ochoa, autor del libro “Diario del Camino: unidos por la diabetes” (UAT,2008) narra la experiencia de un periodista mexicano, promotor de la educación en diabetes en torno al Camino Francés, y las repercusiones que ha tenido una empresa de este tipo. En lo referente a su llegada a Santiago explica pormenorizadamente lo que significa para un peregrino visitar la Catedral de Santiago, visitar el altar y cada una de sus impresionantes áreas, para luego, en un acto de devoción y agradecimiento, participar en la Santa Misa del Peregrino.

  • La experiencia de haber vivido el movimiento del Botafumerio, para él, ha sido inigualable: en ninguna parte de América suelen verse este tipo de cosas tan maravillosas.
  • Pero lo que el peregrino espera está por iniciar… el vaivén del Botafumeiro que comienza con la colocación de una buena cantidad de incienso en su interior, para luego comenzar a base de movimientos de cuerda, a balancearse por las alas laterales de la Catedral, desde la puerta que lleva a la plaza de la  Acebechería, hasta donde se encuentra La Quintana: de norte a sur y de sur a norte; uno a uno, los movimientos se suelen repetir cada vez más pronunciados, inundando el espacio con el delicioso y delicado humo del incienso que perfuma el ambiente y ofrece un místico momento lleno de expectación.
  • El Botafumeiro es un incensario de gran tamaño, y es uno de los símbolos más conocidos de la Catedral; se refiere a un gran incensario que, mediante poleas se balancea con la fuerza de ocho personas, encabezados por el “tiraboleiro mayor”, quien inicia y concluye el protocolo.
  • Cuenta esta pieza tradicional con 1.5 metros de altura y pesa alrededor de 53 kilogramos. Según la tradición, comenzó a utilizarse en el siglo XI y el origen del mismo tal como hoy le vemos data de 1554, siendo construido gracias a una ofrenda del rey Luis XI de Francia, en el año 1400. Originalmente estaba fabricado en plata, pero fue robado en el año de 1809 por tropas francesas durante la llamada Guerra de Independencia. El actual Botafumeiro fue fabricado en 1851 y está confeccionado con latón recubierto de plata.

Suelen contarse historias acerca de esta tradición: una de ellas refiere que ante la llegada de los peregrinos que eran hospedados en la parte superior de la Catedral, en el triforio, la falta de aseo frecuente durante el peregrinaje propiciaba que el sitio tuviera un olor desagradable; fue entonces que se tuvo la idea de aromatizar el lugar con incienso,  por la magnitud del lugar, se construyó el Botafumeiro que, por una parte, cumplía con su objetivo religioso, y por la otra, permitía que el aroma dentro de la Catedral fuera soportable.

Debido a los riesgos que implicaba el movimiento constante y el desgaste de las cuerdas, se decidió que el Botafumeiro sería utilizado en doce fechas importantes del año, como son:

  • La epifanía del señor – 6 de enero –
  • domingo de resurrección
  • Ascensión del Señor
  • Pentecostés
  • Aniversario de la Batalla de Clavijo -23 de mayo-
  • Fiesta de Santiago Apóstol -25 de julio-
  • Asunción de Nuestra Señora -15 de agosto-
  • Todos los Santos -1 de noviembre-
  • Solemnidad de Cristo Rey – domingo anterior al primero de Adviento –
  • Inmaculada Concepción -8 de diciembre-
  • Navidad -25 de diciembre
  • la Translación del santo Apóstol, el 30 de diciembre.

En ocasiones especiales se puede ver el Botafumeiro balanceándose por la Catedral, a petición de grupos de fieles o religiosos con un pago previo, y en ocasión de festividades muy especiales, decididas por las autoridades eclesiásticas.

Botafumeiro

Fotografía: Carlos Santamaria Ochoa

Durante las misas del Peregrino es común ver el Botafumeiro en la Catedral, por la cantidad tan importante de fieles que llegan, ansiosos y decididos a llevar a cabo prácticas de agradecimiento por haber completado el Camino de Santiago, una de las rutas más importantes del mundo moderno relacionadas con la religión.

Lo cierto es que, cuando las cuerdas comienzan a jalarse por parte de los tiraboleiros, un piadoso público deja por momentos de pensar en la oración y la contemplación, para entregarse a un maravilloso espectáculo que aromatiza una de las más importantes catedrales del mundo entero.

Y quienes viajan desde otros continentes tienen su justo premio al esfuerzo que implica la realización del Camino de Santiago y concluir en tan enigmático y maravilloso lugar, donde provenientes de cualquier rincón del planeta llegan ansiosos de recibir una bendición… y la satisfacción de ver, en forma presencial y emotiva, el vuelo del Botafumeiro.

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