El libro que no terminé

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Foto por Carlos Santamaría.

Una vez quise escribir un libro, una historia nada típica, aquello era algo extraño, quien era yo para escribir, pero sobre todo ¿quién era yo para escribir un libro?

Pase días redactando algo que había pasado, pensaba y escribía, descansaba y redactaba, comía y pensaba qué era lo próximo que escribiría; había pasado por situaciones nada agradables, situaciones de las que quizá sería bueno escribir un poco, sí, de esas historias que no pasan muy seguido.

Pasaban los días y aquello era interminable; yo seguía escribiendo y escribiendo, me invadía la tristeza, y en aquella agonía yo escribía.

Pensaba en por qué pasaban las cosas, en el por qué de la tristeza y no la alegría, por qué somos en la mayoría de las veces presas de los cazadores; cómo alguien puede ser capaz de ayudarte a ser tan feliz y de pronto hundirte y pisarte como si nunca hubieras significado nada.

Increíblemente, a pesar de eso, yo seguía escribiendo y pensado miles de cosas, nada  agradables por supuesto.

Cada letra ayudaba a sanar una herida, sin embargo cada pensamiento la abría un poquito; era un círculo vicioso: el pensamiento al teclado, las letras al corazón, el corazón, a romperse de nuevo.

No encontraba la paz, no sabía dónde buscarla, ¿cómo podría alcanzarla?

Pero justo cuando terminé de escribir la mitad de aquello que me afligía en ese nuevo libro, decidí marcharme, irme.

La tristeza lleva muchas veces a la depresión, gran parte de la población tienen algún tipo de sentimiento negativo que les afecta cotidianamente.

Según algunos psicólogos y de acuerdo a diversos estudios que se han realizado a través de reconocidas universidades; expresar nuestros sentimientos a través de la narración ayuda a aliviar los problemas psicológicos que nos afectan.

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Foto por Mariel Jimenez

En un artículo publicado en el diario “El País” se informó que algunos psicólogos en la actualidad aplican esta terapia a sus pacientes; según María Ángeles Muñoz, psicóloga en una clínica madrileña, dice “Cuando una persona está deprimida su sistema inmunológico también lo está”. Por ello, “Con la escritura hacemos un vaciado, exteriorizamos ideas nocivas que rondan el pensamiento”.

Un ejemplo muy claro en la actualidad son las redes sociales, las cuales son usadas por más del 70% de la población, y en ellas se puede ver exteriorizado de alguna u otra manera el estado de animo de las personas: algunas expresan su dolor, tristeza, enojo, frustración, entre otros tipos de sentimientos, liberando de esa manera la carga negativa o positiva, al externar el sentir y así aliviando el estrés.

De acuerdo al diario “El País”, la psicóloga Elizabeth Broadbent dirigió un estudio llamado ‘Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores’, publicado en Psychosomatic Medicine; de acuerdo a dicho estudio, se aseguró que la escritura funciona como cicatrizante cuando versa sobre eventos tristes “o los sentimientos más profundos de la persona”.

Dicho estudio fue aplicado en personas de 64 a 97 años.

A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos, se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día y cada cuatro o cinco días, los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron.

Una mitad relataba en un papel sus pensamientos, experiencias traumáticas y emociones, y la otra escribía sobre sus planes del día evitando mencionar aspectos sentimentales.

A los once días, un 76,2% de integrantes del primer grupo ya había curado la herida, frente al 42,1% del segundo.

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Foto por Mariel Jimenez

Son diversos los estudios científicos y psicológicos que se han llevado a cabo hasta ahora, sin embargo, la mayoría de ellos coinciden en que escribir ayuda a sanar las heridas no solo interiormente o a nivel emocional, sino también heridas exteriores, ya que al escribir nuestros pensamientos, liberamos las tensiones.

Me di cuenta que la vida es tan hermosa, para querer aferrarnos a algo que no nos corresponde o a quien nos rechaza rotundamente, las cosas de la vida son simples o estas o no, pero hay quienes no se aclaran y terminan perturbando la vida de los demás.

“Las pequeñas cosas de todos los días, son las grandes cosas que tiene la vida”

El libro que no terminé de escribir quedo guardado: estaba curada.

Y como dijo Buddha “La paz viene del interior. No la busques fuera”

La vida es hermosa, siéntela a cada instante!

 

 

 

Sobre Mariel Jimenez 25 Artículos
Periodista.

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