Culpar al débil

Ebola virus
virus del ébola

En la maravillosa “La lista de Schindler” que dirigió en 1993 Steven Spielberg, hay una secuencia en la que uno de los dirigentes nazis mata de un tiro en la cabeza a uno de los reos que estaban dispuestos en fila a la espera de ser ejecutados por un supuesto error. Cuando, después de ejecutar a esta persona, el nazi vuelve a preguntar quién fue el culpable, un niño que se encontraba en la fila levantó la mano y señaló al cadáver diciendo: “fue él”.

Últimamente me ha venido a la memoria esta imagen de forma recurrente, cuando oigo a nuestros representantes políticos afrontar las diferentes crisis y catástrofes que su manifiesta incompetencia no ha sabido evitar.

El 3 de julio del año 2006 un convoy de la línea 1 de Metrovalencia descarriló matando a 43 personas (una de ellas el propio maquinista) y dejando malheridas a otras 47 víctimas.

Han pasado 8 años y nadie ha asumido ningún tipo de responsabilidad política en forma de dimisión, muy al contrario, la versión oficial siempre aseguró que el accidente se produjo por causa de un exceso de velocidad al circular a 80 kilómetros por hora en una curva limitada a 40, como consecuencia de un error humano del maquinista.

A esta hipótesis se ha agarrado el Consell de Valencia para intentar dar carpetazo al caso, algo que no han logrado gracias a los esfuerzos de las víctimas.

El 24 de julio del año 2013, un tren Alvia que cubría el trayecto entre Ourense y Santiago de Compostela, descarriló en la localidad coruñesa de Angrois dejando 79 muertos y más de 140 heridos.

Más de un año después, las autoridades políticas insisten en que la catástrofe se debió al fallo del maquinista, Francisco José Garzón, que entró en una curva a más del doble de la velocidad indicada. En ese caso tampoco se han asumido responsabilidades políticas, por supuesto.

En el caso de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, se vuelve a apreciar esta querencia de los mediocres que nos mandan a “culpar al débil”. Resulta que, por lo que se desprende de las últimas apariciones públicas de los responsables en materia de sanidad, la culpa es de la propia afectada.

Teresa Romero fue una de las enfermeras que se encargó del cuidado de los religiosos Miguel Pajares y Manuel García Viejo en el hospital Carlos III de Madrid. Estas dos personas fueron repatriadas por el gobierno español al estar infectadas por el virus del ébola (ambos religiosos fallecieron en el hospital).

Según palabras del consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, la culpa de todo esto la tiene la propia Teresa, por ocultar a su médico de cabecera que había estado en contacto con enfermos de ébola, así como el hecho de haberse tocado la cara cuando se estaba desprendiendo del traje de protección. Este descuido puede ser fatal, sí.

A pesar de eso el señor consejero se olvida que Teresa se contagió por falta de formación, por la precariedad del material, por fallos en el protocolo de actuación,… y por miles y miles de detalles de los cuales ella no es culpable.

Esta corriente de opinión no es exclusiva de los políticos. El “periodista” Federico Jiménez Losantos se ha referido a Teresa Romero diciendo que: “en su pecado lleva la penitencia”. Me gustaría saber cúal es el pecado de una persona que lo único que ha hecho es cumplir con su trabajo a riesgo de su propia vida.

Como de costumbre, nadie ha pagado por esta chapuza con el abandono de su cargo. A día de hoy el único que ha pagado ha sido Excálibur, el perro de la afectada, al que sacrificaron sin efectuarle la más mínima prueba.

Visto lo visto seguiremos con nuestra costumbre de “culpar al débil” mientras miles de inocentes pagan por la incompetencia de los mediocres que nos gobiernan.

P.D: El nuestro es el único país europeo en el que se ha dado un caso de contagio del ébola dentro de sus fronteras. Marca España!!!!

Sobre Carlos Pampillón Diéguez 46 Artículos
Xornalista

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