Comunicación jibarizada: la simplificación del argumento

» […] encontrábamos mayor cultura política en los hombres y mujeres de las décadas de 1970 y 1980, con menos medios de información y menos formación académica y cultural, que en las nuevas generaciones de profesionales que cuentan con toda la información accesible desde casa y varios másteres de posgrado. El modelo los ha convertido en superespecializados, pero también en ciudadanos más ignorantes.»  Pascual Serrano

La irrupción de Internet y de herramientas digitales como Twitter, Whatsapp o Facebook ha cambiado no solo nuestra forma de relacionarnos y de consumir información, sino también nuestra percepción y comprensión del mundo. ¿De qué manera? Simplificándolo. De esta premisa parte el ensayo La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes (2013) del periodista especializado en política internacional y medios de comunicación Pascual Serrano, un libro con vocación no de demonizar una realidad, la de las nuevas tecnologías, que está ahí y no tiene vuelta atrás, sino de advertir de sus peligros y aportar posibles soluciones.

La obra desmitifica la supuesta democratización cultural derivada de la aparición de Internet, ese gran almacén donde conviven estudios sesudos sobre cualquier campo del saber con una cantidad ingente de contenidos triviales, sensacionalistas y de baja calidad.  Suelen ser los segundos los que centran la atención de la mayoría de usuarios, para los que el mundo virtual se ha convertido en una manera de invertir su tiempo libre, en detrimento de la lectura y de las relaciones sociales físicas, muy alejados de las coordenadas del conocimiento. Si antes la censura impedía acceder a determinados libros, ahora esos mismos libros se cubren de polvo en las estanterías ante la proliferación y competencia de otras formas de ocio que ganan la batalla en la guerra por captar la atención. Es difícil pensar que el mundo feliz de Aldous Huxley no está ya aquí, completamente instalado entre nosotros.

La instantaneidad, una de las cualidades más laureadas del entorno online, ha promovido, no solo la expansión de la globalización neoliberal, con sus flujos financieros y comerciales a golpe de clic, sino también una mayor superficialidad en el tratamiento de las noticias. «La mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor», explicaba Gabriel García Márquez. Sin embargo, los medios de comunicación, sobre todo los digitales, priman las informaciones urgentes, rápidas, sin contexto, frente a las que profundizan en el hecho noticiable con documentación y fuentes avaladas por una trayectoria de años de estudio. Como lectores, acostumbrados al ritmo frenético de la tecnología y a la multitud de estímulos visuales y sonoros que ofrece Internet, nuestra capacidad de concentración se está reduciendo y adaptamos el zapping televisivo también al consumo de informaciones escritas, cada vez más cortas, cuando no en forma de listas. Esta dinámica, unida a la gratuidad generalizada de los contenidos digitales y la precariedad laboral de los periodistas, también está provocando el auge en los medios de contenidos de prensa rosa, moda y ocio, más relacionados con el entretenimiento que con el periodismo: exigen menos tiempo de elaboración, menos dinero y su ligereza es un reclamo para los usuarios, lo que se traduce en más anunciantes. El periodismo de calidad tiene un precio, el que permite comer y pagar facturas a los periodistas, además de su valor social, por ello muchas cabeceras online están optando por implementar muros de pago a la totalidad o parcialidad de sus contenidos, apelan a la conciencia del lector para que hagan contribuciones voluntarias o intentan diversificar sus servicios. Actualmente son todas fórmulas en experimentación y está por ver cuáles sobrevivirán y cuáles no.

El comportamiento ha cambiado no solo de cara al consumo de información, sino también entre los interlocutores: mientras antes comprendíamos que no se respondiera de forma inmediata a una carta o no se respondiera a una llamada por estar comprometidos con otro quehacer, ahora esperamos que la contestación a un whatsapp o a un email sea en el momento. El resultado, además de una mayor informalidad en los textos, suele ser un descenso en nuestro rendimiento intelectual: nuestra atención se dispersa ante la obsesión por estar comunicados constantemente, con la pantalla del móvil, del ordenador, y de la tablet parpadeando luz incesantemente. Escuchaba recientemente en la radio que había colegios en los que se aconsejaba a los padres que meditaran la pertinencia de agregarse a grupos de whatsapp que se formaban en torno a temas escolares, ya que después surgían problemas entre ellos si decidían marcharse. Con las nuevas tecnologías nos vemos obligados a estar conectados permanentemente a la realidad virtual, lo que implica un descenso de las relaciones físicas, tanto con las personas con las que conversamos por smartphone como con los interlocutores que se encuentran en nuestro mismo espacio, inmersos en atender nuestra charla digital.

En el Facebook reproducimos las poses de los famosos y las compartimos con «amigos», que como dice el autor es necesario recordar que no lo son, y en Twitter reducimos una realidad compleja a 140 caracteres. En el campo de la política se están produciendo efectos perversos, incentivándose una cultura del eslogan, que ya existía en la tele, dejando aparte la reflexión y la argumentación, borrando los matices en los discursos. Incluso en los casos en los que sí puede existir un debate intelectual en las redes y un compromiso social, muchas veces no llegan a materializarse en ninguna acción física en el mundo real, el de verdad, el que cuenta. El autor desmitifica también el papel movilizador de Facebook y Twitter en la primavera árabe, y recuerda que si bien sirvieron para poner en contacto a los desafectos al régimen, no fue hasta que estas fueron bloqueadas por los gobiernos que la gente salió masivamente a las calles.

La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes aborda estas y otras consecuencias de la digitalización con una argumentación elaborada, e invita a pensar en un tiempo en el que se hace de todo un espectáculo, en el que cada vez somos más continente y menos contenido.

Foto: Susanne Nilson


FICHA

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Título: La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes

Autor: Pascual Serrano

Editorial: Península

Año de publicación: 2013

Nº de páginas: 204

 

 

 

 

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